Soneto, con doble
estrambote,
a Carlos Campeón
Méndez
Carlos, Carlos,
por fin alcanzaste la gloria
que hasta entonces
se te había negado;
y no fue por
no haberlo intentado,
que perseguiste
con denuedo la victoria.
Al grito de
¡Aaág!, envalentonado,
pegabas a
la bola con la raqueta,
con tal fuerza
salida de tu bragueta,
que dejabas
al contrario acojonado.
Aquella liguilla
ganaste, sí, con todo honor
y merecimiento;
hoy todos te aplaudimos
y te rendimos
pleitesía, entusiasmados.
Pero, ¡oh
destino cruel, qué deshonor!
los Squáhlidos,
craso error, no lo previmos
y no te dimos
la copa, campeón descopado.
Lástima de
premio, sí, tú te lo merecías,
excelso campeón,
jugador insuperable,
squáhlido
colosal, fajador inestimable,
te debemos
una copa... y la tendrás algún día.
Y, por squáhlida
decisión unánime,
ese día, tan
hermoso, ya ha llegado
y esta gran copa
hémoste comprado.
¡Somos los Squáhlidos
tan ecuánimes...!
Los Squáhlidos, 26 de enero de 2001